Reflexiones de una lectora de manga en un Salón del Cómic.

Manga y cómic: Puntos de encuentro y de desencuentro

Es innegable que existe una relación estrechísima entre el manga y el cómic. Algunos lo considerarían un mismo ente, un mismo formato para contar historias. Para otros, se trata, en todo caso, de parientes. Personalmente, creo que si bien hablamos de medios que son hermanos, quizás incluso gemelos, se trata de hermanos con identidades muy distintas.

El fin de semana pasado se celebraba la XXXVI edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, un evento que no necesita presentación, y al que yo acudí por segunda vez este año. Tengo que aclarar que mi relación con el cómic no japonés es más bien escasa, y que mi interés principal para asistir era que, de hecho, el manga y el anime también tenían su presencia. Y desde una perspectiva como la mía, las comparativas con el mundo del manga son inevitables.

No pretendo negar que el manga y el cómic compartan público hasta cierto punto, ni mucho menos. También en salones del manga se encuentran fácilmente referencias a obras populares no japonesas, como puede ser Star Wars. Pero el hecho es que el ambiente de un salón del cómic y un salón del manga me parecen completamente distintos, tanto por la demografía del público asistente como por su manera de participar en el evento.

Las editoriales y empresas que van allí a promocionar sus productos también son diferentes, en algunos casos. Y, en los que no, sus políticas con respecto a la difusa línea que marca la separación entre cómic y manga son muy variables. Por poner un ejemplo, Planeta Cómic declaró desde un primer momento en su presentación de novedades editoriales que no haría anuncios relacionados con manga durante el Salón, ya que la editorial considera que el manga ya tiene su propio espacio en el Salón del Manga. En cambio, Annabel Espada, editora de la línea de manga de Norma Editorial, suele hacer hincapié en sus esfuerzos por atraer al público del cómic al manga y viceversa.

Por otro lado, llamaba la atención la presencia de prensa especializada de manga y anime en este tipo de presentaciones editoriales por encima de la de prensa que estuviera allí por algún otro tipo de interés. Del mismo modo, durante la ronda de preguntas de las presentaciones, lo más habitual era que se preguntase por títulos de manga. Los propios editores lo señalaban. Y no insinúo que no exista un público o un interés por el mundo del cómic no japonés, evidentemente, pero da la sensación de que es un público con actitudes y hábitos de consumo bastante diferentes.

Pero el motivo por el que he decidido escribir este artículo no es simplemente por mis impresiones durante el evento. La mañana del sábado, antes de dedicarme a las presentaciones editoriales, tuve ocasión de asistir como público a la mesa redonda “Mujeres guionistas del cómic”. Las invitadas en cuestión eran Dann Thomas, Shea Fontana y Kelly Sue DeConnick, las tres estadounidenses y autoras de cómic americano. He de decir que si bien este tipo de obras no son santo de mi devoción, la charla, en la que se habló de la situación de la mujer en el cómic americano como autora, como público y como personaje, fue de lo más interesante. Y, en lo que aquí nos concierne, DeConnick hizo una apreciación que me pareció especialmente interesante.

Según ella, en los 2000 hubo un boom del manga en Estados Unidos que aumentó en gran medida la presencia de la mujer en el país como consumidora de cómic. DeConnick señalaba que en aquel entonces, si una mujer, a la que no se consideraba habitualmente público objetivo de cómic, sentía curiosidad por algún superhéroe y quería comenzar a leer sus historias, le resultaba imposible saber por dónde empezar. En primer lugar, porque no debía dirigirse a una librería, como lo haría para consumir cualquier otro tipo de lectura, sino a una librería especializada. Una vez allí, se encontraría con que las obras no estarían clasificadas por género, sino por editorial. E incluso si conseguía dar con el personaje de su interés, probablemente encontraría números avanzados de colecciones distintas, por lo que seguiría sin saber por dónde empezar. DeConnick apostillaba, con cierto humor, que en aquel entonces no estaban disponibles las guías orientativas que hoy en día son tan sencillas de encontrar en internet (normalmente creadas por el fandom femenino), ni era sencillo dar con un dependiente amable dispuesto a ayudarte en aquel laberinto.

El caso del manga era diferente. En primer lugar, explicaba, porque el manga en Estados Unidos no se vende en librerías especializadas, sino en librerías genéricas. Allí bastaba con dirigirse a la sección que te interesara, y encontrarías en los lomos de los tomos el número correspondiente de la serie. Series, por otra parte, cerradas, con una historia, unos personajes y un autor distintos en cada caso. DeConnick señalaba que la mayor dificultad que podías encarar en ese caso era que te encontraras la portada del tomo donde esperabas encontrar la contraportada, pero que, pasada la sorpresa inicial, bastaba con darle la vuelta para encontrar una sinopsis que pudiera sugerirte si la historia sería interesante o no para ti. Así, observaba DeConnick, las lectoras encontraron en aquel momento más sencillo aprender a leer al revés, al estilo japonés, que entender el sistema de organización del cómic americano.

Hay varios elementos de esta anécdota a tener en cuenta. Por una parte que, como la propia autora señalaba, los tiempos han cambiado, y el cómic americano se ha vuelto mucho más accesible y cuenta con un público mucho más amplio. Por otra, que esta anécdota se corresponde con la experiencia americana, y que no puede trasladarse sin más a la que pueda ser la experiencia española o hispanoamericana. Pero, a pesar de ello, personalmente, sí he podido identificarme hasta cierto punto con lo que contaba.

No puedo evitar preguntarme, aunque no tenga forma de averiguarlo, si habrá (histórica o actualmente) diferencias demográficas significativas entre consumidores de manga y consumidores de otro tipo de cómic en nuestro contexto. Tampoco hay que olvidar cómo funciona el mundo del manga desde un punto de vista comercial. Sucede en Japón, donde las demografías masculinas están más extendidas en el mercado y tienen más posibilidades de éxito en venta que las femeninas, como sucede en España, donde la licencia por defecto es el shonen, y como mucho el seinen, mientras que el shojo vive altibajos y se mantiene en estudio por parte de las editoriales, que todavía desconfían en cierta medida de su éxito comercial. Por no mencionar el josei, que en nuestro país tiene una presencia prácticamente anecdótica.

Pero si bien esta reflexión viene motivada por las palabras de DeConnick, no pretendo limitarla a las diferencias de público por género. Las preguntas que me parecen más interesantes que surgen de estos datos son si el público del cómic y el manga tienen una relación intrínseca y evolucionan a la par o no, y hasta qué punto puede borrarse la línea que separa estos dos tipos de publicaciones. O dónde queda el cómic europeo o el cómic independiente en esta ecuación. El hecho de que, como he mencionado, las propias editoriales muestren posturas tan diferentes al respecto me parece una señal de hasta qué punto es un tema digno de explorar.




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Judg2
Invitado
Personalmente considero que el manga, el cómic, el tebeo o la BD son lo mismo en el sentido que se corresponden a la misma forma de arte, entendiendo esta similitud es equivalente a la que hay entre los grabados de Gustav Doré y los de Katsushika Hokusai. Sus diferencias son de forma pero no de fondo, diferencias que vienen dadas por sus respectivos contextos sociales, técnicos y evolutivos. Con respecto a las palabras de DeConnick tengo que decir que también me siento identificado en cierto modo. Antes de empezar a consumir manga leía cómics que en su mayoría eran autoconclusivos, como Mortadelo o Asterix. Es que entrar en el mundo de los superheroes cuando eres un chaval sin internet y de un pueblo pequeño como en mi caso da algo de vertigo. El manga no solo ofrece historias cerradas sino… Leer más »
Makoto
Invitado
Otra vez tenemos a los autores de Koi-nya con otro de sus artículos de opinión con títulos engañosos por ser genéricos. Titulan el artículo “Manga y cómic: Puntos de encuentro y de desencuentro” por lo que se presume que se hablará sobre la similitudes y diferencias entre estos dos “géneros” de un “mismo arte”. El artículo es así desde el 1er al 4to párrafo en donde se aborda el tema basándose en la experiencia del autor en un evento en el que se pretende tratar como iguales al manga y al cómic. Hasta que llegamos al 5to párrafo donde se desvía de la cuestión para hablar sobre cuestiones “sociológicas”, que si bien tienen una relación con el mundo del manga y del cómic, no son el tema que se deduce del título y de los primeros párrafos del artículo. ¿A… Leer más »
Eriol
Staff
Yo pienso que si una persona ama de verdad el mundo de las viñetas, no se encerrará en americano/europeo/manga/indie. Supongo que, como es mi caso, siempre tendrá su favorito pero poco a poco se irá abriendo a los demás. En mi caso he sido principalmente lector de manga, aunque en algunos momentos he leído otras cosas. Ahora que soy adulto, aprovechando que trabajé en una librería, me he hecho una pequeña biblioteca de cómic americano (principalmente Batman) y algunas cosas europeas que me llamaban la atención. Y también puedo contar con el material que atesoran otros amigos. Yo también me he visto identificado con las palabras de DeConnick a pesar de no ser mujer. Las facilidades que tenemos hoy en día, con más tiendas especializadas tanto físicas como online y las recomendaciones y consejos que podemos encontrar en Internet nos… Leer más »