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La mítica franquicia vuelve a Alefgrado en… ¿forma de bloque?

Análisis: Dragon Quest Builders (Nintendo Switch/PS4/PS Vita)

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Dragon Quest celebró en 2016 su 30 aniversario. En estos casi 32 años de vida, la franquicia se ha caracterizado por su marcado estilo de juego, con combates por turnos y una rica mitología que se ha mantenido título a título hasta llegar a la entrega número XI.

No obstante, hay que señalar que desde Square Enix se ha intentado llevar la saga a otros terrenos jugables. Tenemos así Dragon Quest Monsters, que nos recuerda a la jugabilidad de Pokémon; Dragon Quest Heroes, un musou en el que podemos repartir estopa con los personajes más icónicos de la franquicia; o Theatrhythm Dragon Quest, un juego de ritmo con la música de Koichi Sugiyama. Y todo esto sin contar los Itadaki Street (una suerte de Monopoly para consolas) en los que la saga ha hecho aparición.

Y con estas, Square Enix lanzó en 2016 Dragon Quest Builders para PlayStation 4, PlayStation 3 (sólo en Japón) y PlayStation Vita, un sandbox con elementos de rol en el que el mundo de Dragon Quest se funde con las ideas de juegos como Minecraft o Terraria para ofrecer una nueva vuelta de tuerca en la franquicia. Con la llegada del año 2018, la compañía ha decidido acercar esta nueva experiencia a los usuarios de Nintendo Switch, la versión que hemos jugado para ofreceros este análisis.

Dragon Quest Builders comienza con un interesante punto de partida: imaginad por un momento que el héroe de Dragon Quest I, descendiente del legendario Erdrick, no hubiese acabado con el pérfido Draconarius. ¿Qué habría pasado entonces? Pues que los monstruos habrían ganado la batalla y la humanidad se vería forzada a malvivir, siempre temerosos del ataque de las huestes de Draconarius, en un Alefgrado que ya no les acogería con los brazos abiertos.

Pero no todo esta perdido. En medio de la desesperanza y la oscuridad de este mundo corrupto, la diosa Pamplín despierta a el Constructor. Este enviado de la diosa, al contrario que los demás supervivientes, no ha perdido una habilidad fundamental de los humanos: la capacidad de inventar y construir todo tipo de objetos útiles. Armado con su mazo y un burdo estandarte, el Constructor plantará cara a Draconarius y sus monstruos mientras alienta la inventiva de todos aquellos con los que se cruza.

Para cualquier persona que haya jugado a Dragon Quest I la trama de Builders le llamará la atención. Al punto de partida que he resumido en los párrafos anteriores hay que añadir los sueños que periódicamente tiene el Constructor, en los que vive retazos de la aventura del Héroe.

El juego está dividido en cuatro capítulos con una estructura bastante similar, salvo por el último. El Constructor llega a un asentamiento en ruinas y coloca un estandarte, lo que supone un efecto llamada para los supervivientes. Gracias a sus peticiones, la ciudad va creciendo con nuevas piezas de equipo, objetos y estancias (que comportan suculentos beneficios para los pobladores), algo que no pasará desapercibido al ejército de Draconarius. Cada cierto tiempo sus monstruos atacarán la ciudad, tras lo que conseguiremos un teleportal que nos llevará a otra zona en la que conseguir nuevos materiales para seguir mejorando el poblado o conseguir el objeto necesario para hacerle frente al lugarteniente de cada zona.

Se podría pensar que Dragon Quest Builders se vuelve repetitivo con el paso de los capítulos, pero no es así. Empezar cada capítulo desde cero, sin objetos o recetas, es siempre excitante. Si bien es cierto que tener que buscar periodicamente materiales (madera, minerales, objetos medicinales y un largo etcétera) puede ser algo tedioso, cada nuevo segmento de la aventura introduce nuevas mecánicas que revitalizan la jugabilidad. Por ejemplo, no es hasta el tercer capítulo cuando se informa al jugador de que puede llevar a algunos vecinos de aventura. Los tres primeros capítulos son divertidos de jugar, pero a fin de cuentas no son sino un gran tutorial para preparar al jugador ante lo que se avecina en el cuarto y último segmento.

Pero no solo de conseguir materiales y construir vive el protagonista. Al habitar en una tierra dominada por los monstruos, el combate también es parte de la rutina del Constructor. Es ahí donde el juego se muestra como un RPG de acción bastante normalito. La clave para salir victorioso radica en equiparse bien y saber moverse alrededor de los enemigos; pero, sobre todo, en saber evitar el combate. Como la diosa Pamplín se encarga de recordar cada cierto tiempo, no somos el héroe que salvará Alefgrado. La tarea del jugador no es la de exterminar monstruos para hacerse más fuerte, aunque algunos conflictos son inevitables. El Constructor es el medio para reconstruir el mundo y dejarlo preparado para la llegada de un nuevo descendiente del héroe Erdrick.

Tras completar el primer episodio se desbloquea el modo Terra Incógnita, en el que podemos dedicarnos a construir sin temer a los monstruos. La diosa Pamplín, en su infinita benevolencia, pone a nuestra disposición una isla en la que construir lo que nos parezca y compartirlo con otros jugadores; y de igual modo, podemos admirar las obras de los constructores de otros mundos. Cada vez que se completa un nuevo capítulo se añade una isla a Terra Incógnita, con nuevos materiales, así como nuevas recetas para elaborar objetos y edificios. Y si lo nuestro es el combate, Terra Gladiatoria siempre estará ahí con hordas de monstruos esperando a ser derrotadas.

El modo Terra Incógnita es muy de agradecer, ya que le da cierta vidilla al juego más allá de completar su historia. Un modo historia que por otro lado no ofrece un modo “new game”, ni siquiera una nueva configuración del mundo que le dé frescura a una segunda partida, aunque hay varias tareas secundarias que alargan la vida del juego. Lo que sí tenemos es una serie de retos que se revelan después de completar cada capítulo. Estos retos van en la línea de completar cada episodio en una determinada cantidad de días, con cierto número de objetos fabricados o completando las tareas secundarias disponibles.

Dragon Quest Builders no destaca especialmente por su apartado gráfico, pero tampoco le hace falta. Los personajes tienen una estética super deformed similar a la que pudimos ver en el remake de Dragon Quest VII para 3DS. El escenario está compuesto por cubos unidos para crear inmensos parajes que da gusto atravesar. Todo se mueve con relativa fluidez, a 60 fps, aunque debo reconocer que he experimentado alguna ralentización esporádica. Eso y el clipping con los personajes y monstruos (incluso con algunos objetos) son los puntos negros a este respecto, aunque realmente no suponen un menoscabo a la experiencia.

Esta versión para Nintendo Switch utiliza una resolución tanto en modo pantalla como portátil de 720p, lejos de los 1080p de PlayStation 4, pero aun así no está demasiado lejos del nivel gráfico mostrado en la consola de sobremesa de Sony, algo comprensible si tenemos en cuenta que no se trata de un título puntero desde el punto de vista técnico. La versión para PlayStation Vita se queda bastante más atrás.

El punto fuerte de este port, como habréis podido imaginar, es la posibilidad de jugar cómodamente en pantalla grande o modo portátil. En un JRPG al uso no es tan interesante, pero Dragon Quest Builders se presta a las partidas cortas, lo que lo hace ideal para llevarlo a cualquier parte y rellenar esos ratos muertos que tanto incomodan. El jugador puede aprovechar un momento para reunir unos materiales, construir una habitación o rechazar el ataque de una horda de monstruos.

La banda sonora es un aspecto controvertido del juego. Para empezar no encontramos nuevas composiciones del maestro Koichi Sugiyama. Los temas son versiones orquestrales, maravillosas eso sí, de canciones de las cuatro primeras entregas de la saga, principalmente melodías de mapa y de ciudad. Aunque se echa en falta algo más de variedad y algún tema nuevo, la banda sonora consigue trasladar a los fans de la franquicia a otro tiempo, justo que lo hace el juego. Y para todos aquellos que se acercan por primera vez a Dragon Quest, el juego propone una estupenda selección de lo que Sugiyama ha ofrecido durante las más de tres décadas de la franquicia.

Lo viejo y lo nuevo se dan la mano

Si hay algo que Dragon Quest Builders hace bien es innovar con un estilo de juego nunca visto en la franquicia sin perder de vista su esencia. Todo lo que ha hecho célebre a la saga está ahí: los diseños de Akira Toriyama, sus objetos característicos, su peculiar bestiario, los efectos de sonido de siempre… incluso el delicioso sentido del humor de los diálogos, lo que contribuye a que la adaptación de los jugadores de siempre al nuevo género sea menos traumática.

Pero no todo son vino y rosas para los fans acérrimos. Debo señalar que hay cierto detalle (que prefiero omitir para no arruinar la experiencia de los lectores) en el último capítulo que no va a ser del agrado de los más puristas. Al menos no lo fue para mí. Algún sacrificio había que hacer en pos de acercar Dragon Quest a los nuevos jugadores…

… porque para ellos, especialmente para los más jóvenes por ese aire “minecraftesco”, Builders puede ser una excelente puerta de entrada a una de las sagas de JRPG más emblemáticas. Si bien es cierto que no en su jugabilidad, sí en todos los demás elementos que han perdurado casi inalterables durante más de 30 años. Y los que le quedan, si la generosa Pamplín y Square Enix lo tienen a bien.

Dragon Quest Builders
Square Enix mezcla Dragon Quest con Minecraft con éxito, dándole una importante vuelta de tuerca a una de las franquicias más emblemáticas de JRPG sin perder de vista su esencia.
Título original: Dragon Quest Builders: Alefgard o Fukkatsu Niseyo
Compañía: Square EnixPlataforma: Nintendo Switch, PlayStation 4, PS Vita
Fecha de lanzamiento: 09/02/2018Género: Action RPG, sandbox
Director:Kazuya NiinouCompositor:Koichi Sugiyama
Duración: 40-50 horasPolítica de análisis
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Dragon Quest Builders Square Enix mezcla Dragon Quest con Minecraft con éxito, dándole una importante vuelta de tuerca a una de las franquicias más emblemáticas de JRPG sin perder de vista su esencia. 1 4 5


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