 Haruki Murakami mola.
Dicho esto, sé que algunos de los que seguís Koi-Nya habéis leído cosas suyas y no os ha decepcionado. A mí tampoco, aunque el impacto que me provocó Tokio Blues todavía no ha sido superado por ninguna de las otras obras de Murakami que he podido leer (Kafka en la orilla y Sauce ciego, mujer dormida).
Hoy os traigo mis impresiones sobre After Dark, una novela que compró mi hermana para un trabajo de la facultad, y que luego acabó cayendo en mis manos. Una gran ciudad, probablemente Tokio. Pasada la medianoche, las vidas de varias personas se entrecruzan. Mari espera leyendo en una cafetería el primer tren de la mañana para volver a su casa. Su hermana Eri duerme plácidamente en su cama, quizás demasiado profundamente. Takahashi ha quedado con sus amigos músicos para ensayar durante toda la noche. Kaoru, empleada de un love hotel, le pide ayuda a Mari para atender a una prostituta china a la que un cliente le ha dado una paliza.
Una de las cosas que más me llamaron la atención de After Dark fue la manera que tiene Murakami de narrar la historia. A veces parece que estás leyendo un guión de cine, especialmente en las partes referidas a Eri, y visualizas claramente el plano y el enfoque exactos en los que se desarrolla la acción. Si alguien se decidiese a hacer una serie o una película de este libro, no lo tendría demasiado difícil.
A esto hay que unir la calidad de los personajes, especialmente de Takahashi y Kaoru. El primero me llegó especialmente por ser tan entrañable y natural, hasta el punto de que en algunos pasajes del final sufrí por él. Murakami suele con struir personajes interesantes, pero creo que con Takahashi se supera.
Si en Kafka en la orilla mis adorados Radiohead eran nombrados un par de veces, en After Dark el protagonismo musical es del jazz, aunque también hay referencias a canciones de otros estilos. Por ejemplo, Takahashi toca el trombón en una formación dedicada a ese género, Kaoru y Mari van a un bar donde suenan varios vinilos de jazz, y se nombran otras canciones. Como Five spot after dark, de Curtis Fuller, canción de la que el libro toma su nombre. Por si no lo sabíais, Murakami regentó un club de jazz durante algunos años.
Tanto si ya conoces algo la obra de este autor, como si nunca has leído nada suyo, After Dark es una buena elección para colocar en vuestra mesita de noche (y construir una torre de libros como hago yo). Es una novela bastante más accesible que Kafka en la orilla, interesante pero demasiado rara para mi gusto. |