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Dies Irae
Publicado el 10-06-2008 a las 13:19:02 // Musica & Literatura // Cajun Style
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Finalmente ha llegado el momento que todos los que leen Mentiras Verdaderas, y más especialemente los valientes que deciden dejar comentarios, estaban esperando: Rock Howard V.S. Kain R. Heinlein. La venganza.

Tras salir del hospital y pasar más de diez horas en avión acompañado de Oswald y su recalcitrante conversación, nuestro protagonista ha llegado a Nüremberg dispuesto a matar a su tío. Sin embargo, lo que nadie comprende todavía, es que hay algo más peligroso que cruzar la línea del bien y el mal: un policía que la cruce.

¿Logrará Rock su objetivo a costa de sacrificar todo por lo que ha luchado? ¿Conseguirá Kain quedarse con el bebé y deshacerse de su sobrino para siempre? ¿Qué carajo pinta Oswald en todo esto?

Todas las preguntas quedarán respondidas en este último capítulo de K.O.F. Mentiras Verdaderas, cuyo epílogo subiré la semana que viene en el que se plantearán otras nuevas.

De regalito, y tratando de compensar la falta ya de personajes sobre los que hacer un perfil, os dejo una imagen que trae a los cuatro protagonistas del juego donde se inició el torneo King Of FIghters y el precursor de una de las sagas de videojuegos de lucha 2-D de la historia: Fatal Fury.

 

Fatal Fury

 

 

Con gusto, os presento el último capítulo de este fic: Dies Irae. ¡Que lo disfrutéis!

 

Nada más franquear el umbral, un frio sobrecogedor se adueñó del cuerpo de Rock, quien atravesaba las puertas de las diferentes estancias como un autómata, sabiendo, inconscientemente, a dónde tenía que ir y cómo llegar.

El piso de abajo estaba completamente desierto, como si nadie hubiera rondado por aquellas habitaciones en los últimos meses, pues diferentes telas cubrían los sillones, armarios, sofás, y demás muebles que el policía no se detuvo en investigar. No le interesaba en absoluto ninguna sala donde no se encontrara el bastardo.

Rock sorteó de tres en tres los escalones de la amplísima escalera de caracol que conducía al piso superior con evidente premura. Su ira bullía cada vez más. Tanto que ni siquiera se percató de los ojos que lo seguían desde la entrada.

Finalmente llegó a un salón de baile que parecía interminable, decorado por completo de mármol con diferentes esculturas salpicando el espacio y cuadros que al recién llegado se le antojaron demasiado costosos para lo simples que eran. Gruesas cortinas color miel permanecían recogidas permitiendo que la luz vespertina se reflejara en los brillantes azulejos y deslumbrara al americano, quien tuvo que estrechar los párpados para poder proseguir con el estudio de la habitación. Media docena de lámparas de araña colgaban del techo, y sus guirnaldas brillantes contribuían a que los destellos se diseminaran más aún.

De pronto, Rock comenzó a escuchar música. No la reconoció de inmediato pero se forzó a sí mismo a identificar, tanto la pieza, como el origen de ella, pues lo deshabitado del salón causaba un eco ensordecedor. “Mozart” concluyó “Requiem Dies irae. Muy apropiado”.

Las manos de Kain se deslizaban con gracia y soltura por las marfileñas teclas mientras sonreía siniestramente, pero su sobrino no podía verlo. En la única parte oscura de la sala, Kain tocaba. Todo él estaba envuelto en penumbras junto al piano de cola que tan sofisticadamente emitía esas suaves pero estridentes notas de una de las más estremecedoras partituras de toda la historia. Rock se acercó con paso lento y firme para situarse casi al lado del instrumento y esperó. El anfitrión lo miró a los ojos desde las sombras sin dejar ni por un instante de tocar. Podía sentir crecer la mezcla de agonía y furia dentro de él y el saberlo lo reconfortó más que cualquier tónico que pudiera costearse.

La música terminó.

Kain bajó la tapa del piano con sumo cuidado, se incorporó del taburete sobre el que se encontraba y anduvo sin inmutarse ni pronunciar palabra alguna hasta detenerse para acariciar el terciopelo de las cortinas. Volvió la cabeza sin previo aviso y clavó sus iris rojos en los de Rock. Ambos tenían un aspecto lamentable.

Rock llevaba su chaqueta rojinegra arañada, chamuscada y descosida por varios sitios, así como sus vaqueros oscuros desteñidos y raidos. Zonas de su cara estaban aun hinchadas por la pelea de hacía tres días, y algunas de las heridas menores todavía no habían terminado de cicatrizar.

En cuanto al aristócrata, profundos surcos grisáceos delimitaban sus ojos, señal inequívoca de un pésimo descanso. La mejilla izquierda le seguía palpitando y la ceja derecha estaba surcada de hilos negros. Sus ropajes tan presumiblemente blancos e inmaculados lucían ahora igual que los trapos que evitaban que el polvo se posara sobre los muebles de su propia mansión. Sin embargo el porte altanero y elegante seguía estando presente.

- No puedo decir que me sorprenda verte aquí, Rock. – dijo Kain rompiendo el gélido silencio los dos compartían.

El aludido permaneció callado. Si duda alguna, el Señor Heinlein esperaba alguna respuesta tosca y burda por parte de su debatiente, pero esta nunca llegó.

- La rabia te consume, ¿verdad? – continuó hablando a la vez que extraía sus guantes de uno de los bolsillos internos de la levita y cubría sus manos con ellos. – No te culpo. Intenté evitar todo esto, ¿sabes? De verdad. Traté de ahorrártelo...pero no quisiste escucharme, y mira a dónde nos ha llevado tu cabezonería infundada. Pudiste haber sido alguien, sobrino. Uno de los grandes en el arte. En mi arte. Habrías adquirido más fuerza, influencias, riquezas y poder del que jamás nadie, ni siquiera tu malnacido progenitor, podría haber atesorado.

Rock continuaba cabizbajo sin perder detalle del soliloquio de su tío mientras este deambulaba de un lado a otro de la marmórea estancia. Una de las manos la llevaba escondida, como de costumbre, en el bolsillo del pantalón. Kain prosiguió.

- ¿Cuánta gente ha tenido que sufrir por tu culpa? ¿Cuántos de esos tus amigos han padecido lo indecible porque escogiste el lado equivocado? Jae-Hoon estuvo a punto de matar a su propio hermano sólo por evitar que tú te mancharas las manos. Tizoc habría muerto de no haber sido por Grant. Las heridas infligidas por aquella meretriz de tu pasado a tu queridísima esposa... ¿y todo para qué? ¿tú lo sabes? Porque yo sí. – la voz de Kain sonaba calmada, serena. Era como si hubiera perdido el interés por luchar, como si realmente se compadeciera de Rock. – Para hacerte ver que escogiste mal. Si mi pobre hermana siguiera viva te repudiaría por lo débil que eres. – Señalando con el dedo índice a la figura deshecha que se erguía en el centro del elegante habitáculo elevó el tono y el mensaje. – Tu vida está acabada. He logrado arrebatarte delante de tus narices lo que más amas en este mundo, te he forzado a tomar decisiones que significarán el final de tu carrera. ¿Crees acaso que tras ese despliegue policial en el que te apropiaste de los recursos del cuerpo para tu beneficio personal, ser el bastardo de un bastardo te va a ayudar? Llevas meses con los de Asuntos Internos esperando una oportunidad para hundirte porque arrancas confesiones a golpes y tus métodos son del todo heterodoxos. Os he enfrentado en una guerra fratricida, he sembrado la discordia entre vosotros. Te he ganado, Rock Howard. – Kain seguía sonriendo. Ante sus ojos tenía a un hombre destrozado, de hombros caídos, de piernas tambaleantes... – Y lo más lamentable de ti, es que ni ahora eres capaz de tener coraje y afrontar tu destino como un hombre. – Kain saboreaba su triunfo como un gato ante un desvalido ratón y se giró de nuevo para desempolvar otra de las suaves cortinas. - ¿Me equivoco?

De pronto, un aullido de dolor lo interrumpió y le hizo caer de bruces contra el suelo con la espalda completamente lacerada. Kain se revolvía, tratando de apagar las llamas púrpura que se cebaban con su traje y que comenzaban a abrasar su piel. Una vez que se repuso de la agonía levantó la cabeza sólo para ver el puño de Rock envuelto en energía morada, fulgurante de fuerza que cerró fuertemente para que la estela desapareciera.

- Si.

El policía avanzó con firme determinación para asir a Kain por el cuello de su camisa y asestarle un fuerte puñetazo en la cara al que siguió otro, y otro más. El alemán trató de liberarse de la presa pero no podía concentrarse lo suficiente como para utilizar sus técnicas debido al incesante martilleo de Rock en su rostro. Ambos sentían cómo la piel de sus nudillos comenzaba a desaparecer para dejar paso al hueso, cómo las mejillas de Kain se rompían, cómo su nariz sangraba a raudales.

Rock estaba fuera de sí. Por fin tenía al cerdo responsable de todo el dolor que su familia había soportado y no pensaba dejarlo escapar. “No existen cárceles para hombres como Kain” pensaba mientras mataba a golpes a su tío. “No pienso permitirle que vuelva a amenazarnos. No pienso dejarle libre. No pienso dejarle impune...y no lo haré”.

Kain ya no trataba de liberarse. Había dejado de luchar. Por un momento, a Rock le pareció que golpeaba una cáscara vacía, muerta, hasta que el agredido comenzó a reír. Era una risa realmente desagradable, estridente. Tal vez era debido a que tenía los labios rotos, le faltaban algunos dientes y se ahogaba en su propia sangre. Pero seguía riendo.

- Cont...continúa. – la voz de Kain sonaba apagada, aunque ribeteada de una intensidad fuera de lo común dada la situación en la que se encontraba. Sonreía. – Continúa, héroe de Southtown. No importa lo que puedas hacerme... – el destrozado y arrodillado Kain se interrumpió para escupir un esputo sanguinolento junto con un diente suyo. – Ya da igual lo que hagas, porque te he ganado. He conseguido hacerte caer a la demencia. He conseguido llevarte hasta el límite en el que tu tan cacareado código ético no sirve de nada. Todo por lo que has luchado se ahoga ahora bajo el fango de tu ira, Rock. Mátame y termínalo. Mátame y cuéntaselo a todos. Mátame y conviértete en lo que más odias. Cuéntales cómo todo lo que el americano bastardo te enseñó no sirve de nada. No importa lo que me hagas porque eso me dará la razón. Te he...- un nuevo puñetazo puso fin a la cháchara de Kain, dejándolo inconsciente.

Estaba a su merced. Por primera desde que tenía 17 años las dudas le carcomían. Si lo mataba les dejaría en paz, Yuri y Billy estarían tranquilos y a salvo y nadie volvería a amenazarles...pero él...

- Señor Howard, me avergüenza ver cómo un hombre forjado con la materia de la que usted está, se encuentre en semejante diatriba. – Tan distraído estaba Rock que no se dio cuenta de los pasos que Oswald daba hasta situarse casi a su altura. Cuando el policía se giró, vio que llevaba algo en los brazos. Ese algo estaba cubierto por una manta blanca y azul y dejaba entrever una pequeña manita.

El corazón de Rock dio un vuelco cuando volvió a acunar a su hijo. Sus ojos se nublaron de lágrimas cuando lo vio dormido, cómodamente apoyado sobre su regazo, como si nada le hubiera ocurrido. Besaba al pequeño sin descanso, cubriéndole sus pequeños pies con la manta para evitar que se enfriara. El anciano trajeado, mientras tanto, lo supervisaba todo con una sonrisa sesgada, ocultando sus ojos por la luz reflejada en sus gafas de cristales rojos.

- ¿Qué haces aquí? – quiso saber el joven Howard una vez recuperada la compostura. Lo último que había sabido sobre su interlocutor era que prefería dejar ciertas cosas en manos de un solo hombre.

- Mentí – contestó el irlandés sonriendo y encogiéndose de hombros. – Es difícil deshacerse de algunos malos hábitos. – Rock lo miró receloso. Efectivamente, no sabía a qué atenerse con él. – Quería ver con mis propios ojos la victoria final del bien contra el mal aunque...- hizo un alto para mirar el cuerpo de Kain tumbado sobre el frío suelo marmóreo -... no es eso lo que he atestiguado.

- Lo sé – el rostro de Rock se escondió tras su pelo cuando este mantuvo la cabeza gacha como si se avergonzara o se sintiera desdichado.

- No puede caer en su juego, Señor Howard – intervino de nuevo Oswald palmeando el hombro de Rock – el hecho de que se apropiara indebidamente de los recursos de la policía es un hecho cuestionable sin duda, pero de seguro incluso sus picapleitos superiores entenderían la gravedad de la situación. Pero de lo que no podrá escapar es de los cargos por asesinato, si es que finalmente decide incurrir en ellos, y el hecho de encontrarse en un país extranjero sin documentación pertinente no facilitará las cosas. Máxime cuando la víctima fuera un aristócrata alemán con un prestigio reconocido a nivel internacional.

De un movimiento de hombros se deshizo de la garra del anciano. Volvió a dirigir la mirada hacia Kain. Parecía tan fácil terminarlo todo de una vez...

- ¿Y qué quieres que haga, viejo? – preguntó en tono desafiante sin volver la cara hacia Oswald.

- Dejarlo tal cual. – fue la sencilla contestación del otro. – Vuelva a casa con su hijo y su mujer. Un coche le está esperando en la puerta para llevarle al aeropuerto, donde mi avión le devolverá a su hogar. Déjeme a este individuo carente de gracia y modales. Sabré arreglármelas.

Los ojos de ambos debatientes se cruzaron durante interminables minutos. Rock barajaba las posibilidades para tratar de entender los motivos que podrían llevar a Oswald a arriesgarse de esa manera. “Sin duda tiene experiencia de combate” pensó “y recursos más que suficientes para hacerse cargo de Kain, también. Dios, es tan tentador. Irme sin ningún tipo de bagaje moral, con Billy, con Yuri, con el resto de mi familia. Desde luego tendré que dar muchas explicaciones, y Andy querrá matarme. Pero y si... nunca me habían hecho una oferta semejante. No puedo sencillamente dejarlo correr. No puedo sencillamente...”

- ¿Señor Howard? – la sibilina voz de Oswald lo sacó de la inopia – ¿Sigue con nosotros?

“Bah...paso de todo”

Girando sobre sus talones, Rock emprendió el camino de salida hacia la puerta principal. Oswald lo miraba desde las profundidades del salón de baile mientras se recolocaba las gafas y sus enjutos labios dibujaban una sonrisa malévola. Antes de quedar fuera del alcance de los ojos del anciano, el policía volvió la cabeza.

- Eres un tío muy raro.

***

Kain permaneció con los ojos cerrados hasta escuchar el sonido del motor de un coche alejándose de su mansión. Le dolía todo el cuerpo, pero había merecido la pena. Se incorporó ligeramente y aceptó de buena gana tanto la mano como el pañuelo que le ofrecían. Levantándose, se situó espalda contra espalda con el oscuro personaje que compartía con él el silencio de la sala mientras se limpiaba la sangre del rostro con el trozo de tela.

- ¿Hemos terminado? – preguntó al sonriente invitado.

Este se mantuvo callado y encendió un cigarro-puro que apareció en su mano de pronto. Kain asintió y se encaminó hacia uno de los espejos que decoraban la sala. Extrajo un pequeño peine plateado del interior de su levita y trató de que su cara mostrara un aspecto más aceptable. Cuando terminó volvió junto a su compañero.

- Casi lo logro – afirmó. El timbre de su voz sonaba orgullosa. No parecía la de alguien que acabara de recibir una brutal paliza a manos del hombre al que soñaba con derrotar.

- Ese “casi” es la diferencia entre nosotros. – dijo el otro en un perfecto Alemán. – Yo he ganado.

Frotándose las sienes con ambas manos, Kain volvió a sentarse en la banqueta del piano para tocar de nuevo el “Réquiem” de Mozart. Su pieza favorita. Cuando estaba llegando al “crescendo” final, el canoso personaje apagó el cigarro aplastándolo contra la cola del instrumento y se dirigió hacia la puerta.

- Has hecho trampa, viejo. – la voz de Kain se elevó por encima de la atronadora música e hizo que Oswald se detuviera en el sitio. Este miró de nuevo al aristócrata, se atusó el sombrero, y contestó.

- Hasta la próxima, niñato.

 


COMENTARIOS


Naule Wolf
avatar_Naule Wolf
2008-06-10 14:32:15 || Quote
No. 1 :
¿Sabes lo que mola leer este capítulo con el Dies Irae de fondo?, lo estuve buscando antes de ponerme a leer éste capítulo, y la verdad, se ponían los pelos de punta.
Ha sido genial, estaba todo muy bien pensado, y de verdad me encanta como te lo has currado.
Espero que pronto nos deleites con otra de tus obras emoticon

P.D. Oswald ya me cae mal y la mayoria creo que me matareis y todo XD

Invitado
avatar_Invitado
2008-06-10 14:45:26 || Quote
No. 2 :
Oswald for president!!!

Ayu
avatar_Ayu
conectado
2008-06-10 18:26:47 || Quote
No. 3 :
La verdad es que este es un maravilloso final para lo que ha venido siendo un maravilloso fic en general, la ambientación que has logrado recrear me parece genial, casa tanto con la propia imagen de Kain, como con lo que se espera de una "pelea final" propiamente dicha ;p y es que si cierro los ojos me lo puedo ver sentado en la penumbra tocando el piano. Y ya era hora de que Rock perdiera la cabeza y le hiciera todo lo que se ha estado ganando a lo largo del fic xD aun recuerdo a la pobre Yuri llorando. En fin al menos se puede entrever el papel que ha jugado Oswald, ese enjuto anciano cuyos actos en el desarrollo de la historia nunca dejaron de sorprenderme. Felicidades por el Trabajo y a ver si te lo hacen OVA o algo xD

A. Bogard
avatar_A. Bogard
2008-06-10 22:38:27 || Quote
No. 4 :
¿Sabes lo que mola leer este capítulo con el Dies Irae de fondo?
 Naule Wolf


¡¡JOOOOO!! ¡YO HICE LO MISMO! =D Sí que sí, le da un efecto increíble a la ya de por sí increíble historia.

Qué gran desenlace en el que hubo de todo: tensión, intriga, golpes, sangre, dientes volando... no no, simplemente magistral e inesperado. Como siempre, una delicia poder leer tan emocionante fic. Gracias y muchas felicidades por esta joya.

...


Y qué decir además de esa imagen del principio, uuffff 8)

De nuevo, ¡Felicitaciones!


pd. Y a diferencia de Naule Wolf, Oswald pasó de cagarme a caerme de lo mejor emoticon

2008-06-11 02:02:30 || Quote
No. 5 :
Bravo, hermano. Sólo una cosa me ha alegrado más el día que esta lectura... y es saber cuál es el epílogo y las maravillosas puertas que abre emoticon


Por favor publica comentarios breves y referentes al título, recuerda que no se trata de un hilo de discusión.

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