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    Publicado el 03-06-2008 a las 20:11:02 // Musica & Literatura // Cajun Style
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    Bueno, bueno, bueno.... ¿Y esto qué es? Santa Clavos, ¿eh? ¡Uuuh, qué miedo me das!  Así que tú eres el tipo que da tanto que hablar...

    Recordemos lo ocurrido:

    Rock sale del Hospital hecho una furia andante y se pone en plan Terminator a descpahar matones en busca de una pista sólida de su hijito del alma. Cuando llega al aeropuerto a coger un avión y dirigirse al escondite de su archienemigo...el irlandés viejo y trajeado le espera con una amplia sonrisa y una baraja de cartas en la mano. 

    Lo siento de veras, pero en esta ocasión tampoco habrá ficha de personajes. ¿El motivo? Pues que me estoy quedando sin personajes relevantes de los que hacer un buen dosier.

    No obstante, como compensación os contaré un chiste muy gracioso.

    Van dos putas en una moto y se cae tu madre.

    Si, lo sé....

    Si no os habéis dado la vuelta debido a esta pedazo de bazofia de chiste...os dejo con Mentiras Verdaderas: Fraternal.

     

                Rock miró por la ventanilla del avión con aire ausente sin fijar la vista en nada concreto, ya que no había gran cosa que ver. Tan sólo un lecho de nubes flotaba por debajo de él con tintes anaranjados, fruto de lo vespertino de la hora. Gracias al teléfono por satélite con el que venía equipada la nave, había hablado y tranquilizado a su familia. La voz de Andy fue la que contestó, pues acababa de llegar, junto con Joe Higashi, de rodar en Tailandia cuando el despliegue policial ordenado por el capitán de policía los retuvo más de media hora en el aeropuerto. Gracias a su fama mundial y a su papel como “Héroes de la Ciudad” las investigaciones no les salpicaron más.

                Tras una conversación plagada de reproches y gritos, Andy le pasó el auricular a Yuri. Habían estado hablando durante más de treinta minutos hasta que Rock le aseguró que conocía el paradero de su hijo y de Kain, el hombre que lo secuestrara, pero que no podía decírselo. La joven y angustiada madre lo insultó y reprendió de mil maneras hasta que decidiera colgarle fruto de los llantos. En ese momento, el corazón de Rock le dio un vuelco y tentado estuvo de obligar al piloto a cambiar el rumbo y regresar a Southtown con su esposa.

                Subió la cremallera de sus pantalones, se lavó las manos y presionó el botón que accionara la cisterna. Siempre se preguntaba a dónde iba a parar todo el...en fin, en un avión. Salió del lavabo y se reunió con Oswald en la parte central del aparato, dispuesto a continuar con la conversación. Según lo veía, le quedaba al menos seis horas de vuelo hasta el aeropuerto de Núremberg.

    -          Parafraseando a Fray Luis de León “Decíamos ayer”. – retomó la charla el trajeado anciano.

    -          Confío en que me digas de una vez tu papel en todo esto. – Rock se sentó pesadamente sobre uno de los mullidos sillones que poblaban la elegante estancia y colocó su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda. Aquellos dos hombres constituían una, cuanto menos, singular alianza. Rudo y directo uno, mientras que el otro era artero y sibilino. Si Rock carcajeaba, Oswald dejaba escapar una inaudible risita.

    -          Le ruego se tranquilice, señor Howard, pues finalmente comprenderá el motivo, no sólo de mis intervenciones puntuales a la par que majestuosas, si no el objetivo último y final del hombre al que tanto desea ver muerto.

                Oswald comenzó a hablar. Regodeándose con cada detalle, con cada frase que enunciaba de manera aristocrática. Le recordó a Rock las operaciones de su padre, los grandes momentos de su imperio criminal, los hombres que habían tratado, sin éxito, de matarle. Habló también del asesinato de Jeff Bogard, padre de Terry y Andy, y antiguo amigo del propio Geese. Y, finalmente, le habló de una noche en concreto.

    -          Su excelso padre le dejó a mi cargo durante un par de noches siendo usted apenas un bebé mientras él se dedicaba a sólo Dios sabe qué cosas. Si mi anciano cerebro sigue funcionando como debe, tenía algún tipo de relación con alguien llamado Takuma. Pero claro, eso a usted no le interesa lo más mínimo. ¿Verdad, capitán? – Oswald se interrumpió para sorber de nuevo el vino y continuó. - Dicho esto. Hacía escasamente dos semanas que usted llegara al mundo, y como tal, necesitaba cuidados constantes que su progenitor, un hombre de negocios tan celebérrimos como era se veía incapaz de profesarle. La noche en cuestión, un hombre irrumpió violentamente en la habitación en la que nos encontrábamos demandando apoderarse del pequeño que me había sido encomendado proteger. – entrelazando los dedos, el enigmático personaje sonrió siniestramente. - Este enemigo con el que tuve que batirme en pos de su protección, era aquél que descansa ahora en la morgue tras dejar a su compañero a las puertas de la muerte primero para salvarlo después.

     

                La faz de Rock se tornó lívida como una sábana. Finalmente tenía el hilo que debía seguir, ahora sólo le restaba no perder el ovillo.

     

    -          Grant... – dijo pensando en voz alta el policía

    -          Exacto, mi querido intruso. – el tono de Oswald se antojaba aterciopelado pero misterioso. Rock sabía que lo que le contaba era verdad, pues nunca le había mentido, pero eso no significaba que confiara en él.

    -          ¿Y le derrotaste? – quiso saber el pasmado e incrédulo joven.

    -          “Tumbarlo” sería más acertado, pues apenas pudimos terminar de batirnos en buena lid cuando otra figura se abrió paso por el estropicio donde antes hubiera una puerta.

    -          No me jodas... – masculló Rock apretando los puños. Sabía sin necesidad de que Oswald continuara la identidad del entonces recién llegado.

    -          ¿A qué tan soez, señor Howard? – se burló el irlandés llevándose el dorso de la mano derecha al mentón.

    -          ¿Y qué pasó? –

    -          He de confesarle que se me antojó un joven fascinante. Jamás atestigüé elegancia semejante en alguien de tan temprana edad. Su temple reflejaba serenidad. Una tranquilidad mortal que no erraría al comparar con la de una serpiente reptante ante un inminente bocado.

    -          ¿Qué pasó? – repitió Rock perdiendo la paciencia de nuevo.

    -          Dada mi negativa a entregarle y la inexperiencia de su tío, se retiraron. No sin antes perjurar que recuperaría a su hermana de un modo u otro.

    -          Eso mismo dijo cuando peleamos en la azotea de la torre. – la mente de Rock entraba en ebullición. Lo estaba logrando. A punto estaba de comprender finalmente el porqué del secuestro de su hijo.

    “Dios Santo” pensó palpándose la frente, inquieto. “Falló entonces, falló también en el torneo de hace años, y por eso ha raptado a Billy. No quiere matarlo...quiere continuar con la estirpe. Su hermana, mi madre, murió. Quería que yo fuera el siguiente Heinlein, la personificación de Marie...pero al fracasar en ambos intentos, decidió intentarlo de nuevo con Billy, un Heinlein que aun no ha tenido tiempo de adulterarse, de contaminarse.”

    -          Desde mi punto de vista no debería odiarle sino compadecerle – intervino Oswald juntando las yemas de los dedos. Sin embargo, no tardó en arrebujarse en el sillón orejero cuando su interlocutor le asestó una fría y despiadada mirada. Por primera vez en su vida, Oswald temía a otro humano. Y lo que era aun más extraño...temía por él.

     

    ***

     

     

     

                El avión aterrizó puntual en el aeropuerto de Nüremberg, donde dos atractivas auxiliares de vuelo ayudaron al hijo de Howard a desembarcar. A este no le pasó desapercibido el denodado cuidado que demostraban en todos y cada uno de sus movimientos, tratando por todos los medios de chocar contra él en el estrecho tramo de escaleras que los separaba de tierra firme.

     

                Una vez con los pies en la pista, una elegantísima limusina apareció de la nada a un chasquido de los enguantados dedos de Oswald, quien, tras entrar en ella y farfullar al chófer algunas frases en perfecto alemán entrelazó las piernas y se dedicó a leer los titulares del “Der Mond”. Rock, mientras tanto, continuaba con el ceño fruncido pero con los párpados cerrados. El sueño comenzó a dejarse notar cuando la aterciopelada voz de su compañero de viaje le devolvió al asiento trasero del Aston.

     

    -          Señor Howard, ¿he de recordarle la importancia de nuestra misión? – el anciano luchador dobló las hojas del periódico para continuar con su lectura por el otro lado de estas.

    -          Oswald, ¿por qué no cortas el rollo de “Señor Howard” un ratito? – la cabeza de Rock no se había movido de la ventanilla donde estaba recostada, y sus brazos se cruzaron a la altura del abdomen. – Agradezco tu ayuda, pero entre tú y Kain me estáis fastidiando un postoperatorio cojonudo.

     

                Oswald rió por lo bajo y le dejó hacer. Rock, sin embargo, no pudo sino permanecer en un continuo duermevela.

     

                Tras un trayecto de, aproximadamente, hora y media, el chófer detuvo el automóvil en seco y le comunicó al dueño del mismo algo que el americano no entendió. “¿Encima sabe hablar alemán? Válgame Cristo.”Oswald profirió un par de oraciones en idioma germano e indicó a Rock que salieran del coche.

     

    -          ¿Qué carajo te ha dicho? – preguntó el policía de pie, junto al irlandés, en la acera.

    -          Que está prohibido el paso más allá de esta calle. – dijo Oswald limpiando las gafas con un pañuelo blanco bordado en rojo.

    -          Pero si esta calle es sólo una calle. – el desconcierto de Rock se hizo patente abriendo los brazos y ladeando levemente la cabeza en espera de una nueva respuesta.

    -          Pero la susodicha avenida es el inicio del territorio Heinlein, Capitán. – recolocándose de nuevo las gafas, Oswald echó a andar paralelo a la calzada. El hombre detrás de él le seguía por dos razones. La primera de ellas era que parecía conocer el área bastante bien, así como la lengua allí hablada. La segunda...ni siquiera sabía por qué aguantaba todo esto. ¿Se refería a Oswald o a sí mismo? Rock desechó la cuestión negando con la cabeza y continuó tras el siniestro transeúnte.

     

                Para cuando llegaron a su destino había vuelto a anochecer y a punto estuvo el americano de caerse de espaldas al divisar la mansión de su tío. En toda su vida había visto una edificación semejante. Era inmensa, construida casi en su totalidad de mármol blanco con ribetes color zafiro y un jardín casi tan extenso como la propia ciudad de Southtown. El portón pareció abrirse a su paso.

     

    -          Aquí nos separamos, Señor Howard. – la voz de Oswald, quien no había franqueado el umbral de la casa, hizo que el joven vengador se detuviera en seco.

    -          ¿Es que te da miedo Kain? – bromeó Rock en un intento de puya infantil desde el otro lado de la puerta. Lo había acompañado hasta aquí, sin tener por qué hacerlo, y le había ayudado en momentos de mayor necesidad. A pesar de lo recalcitrante de su comportamiento no cabía duda de que el policía tenía ahora una deuda de gratitud con Oswald.

    -          Simplemente considero que hay ciertas cosas en la vida de un hombre que ha de resolver solo. – diciendo esto, le dio la espalda al hombre con el que había pasado las últimas diez horas mientras se recolocaba el sombrero con la mano derecha e introducía la izquierda en el bolsillo del pantalón.

     

                Rock se le quedó mirando durante unos segundos. Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero las palabras no salieron de ella. Suspirando pesadamente, giró sobre sus talones.

     

    -          Acaba lo que empezó tu padre, Rock.

     

                El joven Howard dio un respingo y volvió la cabeza en la dirección por donde se fuera Oswald. No quedaba ni rastro de él. ¿Lo habría imaginado? No, imposible. Lo oyó claramente. Por primera vez desde que se conocieron le había tuteado y llamado por su nombre. Rogó al cielo salir con vida de la casa de Kain, pues no sabía porqué, pero estaba comenzando a apreciar a aquél sombrío anciano.

     

     


    COMENTARIOS


    Naule Wolf
    avatar_Naule Wolf
    2008-06-04 00:11:22 || Quote
    No. 1 :
    Bueno, haré como que no he leido ese chiste tan rematadamente malo...XD
    En cuanto a éste capítulo, la verdad es que me ha gustado mucho, todo muy bien pensado.
    Rock va a destrozar a Kain y espero ansiosa esa parte. emoticon

    2008-06-04 03:34:08 || Quote
    No. 2 :
    Oswald y Tizoc merecen sendos fics propios xD

    Ayu
    avatar_Ayu
    conectado
    2008-06-04 11:25:01 || Quote
    No. 3 :
    Totalmente de acuerdo con eso, sobre todo Oswald, lo que daría por leer sus aventuras de juventud xD

    2008-06-04 12:36:13 || Quote
    No. 4 :
    Oye, oye...que Oswald no es Indiana Jones.
    Él no se iba con un trajecito hecho a medida cuando tenía 17 años a deshacer entuertos y a buscar el Santo Grial. emoticon
    Además, os mola Oswald porque es un viejo!!! Tiene el +1 de Carisma porque juega la carta del "Anciano Misterioso". Reconocedlo, si fuera un hombre de 30 años comportádose igual no os molaría tanto.

    A. Bogard
    avatar_A. Bogard
    2008-06-04 21:12:02 || Quote
    No. 5 :
    ¡Al fin, AAAANDY! Pero... ¡ni dijo nada!

    emoticon

    En fin, buen capítulo, ya sabemos un poco más del tal Oswald (¿y a dónde irá a parar eso, eh?), pero en realidad no es que me interese mucho, ja. Acá seguiremos esperando más accióooooooon. emoticon



    Ah, y una última cosita:

    Hombre, TIZOC es muchisisisisisisisisísimo mejor que el Oswald este, eh. Él, junto con Ryo es quien debería tener su propio show emoticon


    Por favor publica comentarios breves y referentes al título, recuerda que no se trata de un hilo de discusión.

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