| EMBAUCADO |
| Publicado el 28-05-2008 a las 11:11:47 // Musica & Literatura // Cajun Style |
![]() ¡¡¡¡Oh, Dios mio!!!! ¡¡¡Este hombre no está muerto!!! Entre pitos y flautas, por "H" o por "B", y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, vemos como, y tras la confesión de Billy Kane sobre su pasado delictivo, Rock recibe una llamada algo peculiar de su amante amantísima... QUÉ FUERTE ME PARECE (no sé si se nota que me estoy quedando sin maneras de anunciar los capítulos xD)
Y ahora seguimos con el siguiente capítulo de K.O.F: Mentiras verdaderas. Embaucado
Las puertas del Hospital Universitario de Southtown chirriaron al abrirse de par en par. Un hombre pasó a través de ellas con paso iracundo y ceño fruncido para mezclarse entre la multitud que pululaba por las calles de la ciudad, despotricando órdenes a diestro y siniestro por el teléfono móvil valiéndose tanto de su cargo como del tono de voz que no admitía réplica alguna. - ¡Quiero toda la ciudad...y quiero decir “toda”...acordonada y con las salidas cerradas en menos de dos minutos! Nadie va a salir de aquí sin que yo sepa quién es, a dónde va, y para qué. ¡Quiero cada tramo de carretera revisado, cada vagón de tren y coche registrado, y el aeropuerto clausurado! ¡YA!
Todos los policías de su departamento y muchos que no dependían si quiera de él, comenzaron a acatar los cometidos que su superior les asignara en la comisaría, a pesar de no tener ni idea de lo que buscaban o el motivo que habría podido llevar a Rock a alterarse tanto. Nadie sabía por lo que estaba pasando. Nadie era consciente de la vorágine que iba cobrando forma en su cerebro a cada inhalación que realizaba.
Su hijo había sido secuestrado.
La pobre Yuri lloraba y gemía inconsolable la última vez que hablaron, culpándose por la desaparición del pequeño. Según había conseguido entender, Ryo y ella habían ido al centro comercial y allí había ocurrido todo. Billy se separó de la mano de su tío apenas un instante e iba junto a Jeff, el hijo de Andy y Mai, a mirar unos videojuegos. Cuando el actual Mr. Karate llegó hasta donde debían encontrarse, no halló más que al joven Jeff inconsciente y ningún rastro de Billy. Paralelamente a eso, y mientras Rock dormía en el hospital para recuperarse de los últimos combates, el forense de su equipo de investigación admitía la posibilidad de que el cuerpo calcinado que tenían en el depósito de cadáveres no fuera el del propio Kain, ya que no conseguían referencia alguna con la que cotejarlo. Sólo había que sumar dos y dos. Kain seguía vivo, y debido a alguna extraña y retorcida obsesión con el retoño del oficial de policía, lo había raptado. Tan sólo disponía de unos minutos, una hora como mucho, para descubrir un rastro sólido que pudiera llevarle al lugar al que huiría el desgraciado Su teléfono vibró de nuevo en uno de los bolsillos internos de su chaqueta sacándolo de la nube de dudas, planes y enigmas en el que se sumergía más y más. Apretando los puños y la mandíbula, descolgó de mala gana.
- ¿Señor? – preguntó una temblorosa voz al otro lado del auricular. - ¿Qué es lo que buscamos? - ¡Si tienes tiempo para preguntarme tienes tiempo para obedecerme! – gritó cerrando la tapa del aparato tan bruscamente que a punto estuvo de quebrar la pantalla.
Caminaba a paso frenético, sin importarle las personas que se interpusieran en su camino. Ni siquiera tenía un rumbo fijo, o un destino preestablecido. Sólo quería matar a Kain. A cada paso que daba su cuerpo le demandaba estrangularlo, golpearle, sentir sus huesos astillarse por los puñetazos que le propinaría, escuchar sus súplicas cayendo en saco roto. No podía pensar en otra cosa más que en destrozarle y hacerle sufrir, pero para ello tenía que establecer un plan que le sirviera tanto para encontrarle como para evitar que lo detuvieran a él mismo. Según lo veía, mientras sus subalternos mantuvieran la ciudad “cerrada” no habría posibilidad alguna de que un hombre normal escapara, pero desde luego Kain no era normal, y teniendo en cuenta que había hablado con Yuri hacía ya quince minutos, sumado a lo que ella tardara en buscar al pequeño y decidirse a llamarle...su hijo ya habría desparecido hacía media hora aproximadamente. A todo lo anterior se sumaba el hecho de que Rock estaba solo ante una situación que le pillara desprevenido. No podía pedirle ayuda a los demás policías. Tampoco podía contar con sus amigos, pues sabía que tratarían de evitar que se manchara las manos de sangre...pero tenía que hacerlo. Tenía que matar a Kain. Mientras siguiera vivo su familia jamás estaría segura. Se obligó a sí mismo a centrarse. Si bien desconocía el paradero actual de su tío, alguien en la ciudad debería saberlo. Ahora mismo no podía hacer nada por Billy. Ni siquiera podía acudir a sus compañeros ya que estaba utilizando los recursos del departamento en una causa privada y sólo eso le podía costar la placa y pondría a Kain sobre aviso. Tampoco podía estar junto a su dolida esposa, pues él no era de los que se quedan sentados a esperar a que otro le resuelva el problema. Pero existía algo que podía hacer. Algo que sabía hacer. Y muy bien. Todo el mundo sabe donde están los “peces gordos”, los intocables. Tíos con mucho dinero y contactos tan importantes que incluso la propia policía teme meterse con ellos: traficantes de drogas que venden a políticos y artistas, malversadores de fondos, el negocio del sexo clandestino, vendedores ilegales de armas, extorsionistas profesionales. No llamaba a sus puertas. Las echaba abajo. Poco importaba el negocio al que se dedicaran o quienes fueran los desgraciados a los que interrogaba o porqué hacían lo que hacían. Sólo estaban en medio entre Rock y Kain. Y no iban a ir a ningún sitio sin haber pasado antes por sus manos. Ya no había reglas que se aplicaran, ni chistes que contar mientras arrestaba a los idiotas que se atrevían a resistirse. Nadie escapaba de él. Nadie amenazaba s sus seres queridos. Nadie. Tras muchas casas allanadas y palizas impartidas consiguió lo que necesitaba. Una sonrisa de desdén se le dibujó en el rostro por no haberse dado cuenta antes de dónde podía estar. En el fondo de su mente lo sabía. Tenía que terminar donde todo empezó. Se dirigió al aeropuerto de Southtown a todo correr. Los músculos le dolían tras la pelea en la Torre Howard, así como todo su cuerpo, pero tenía que hacer caso omiso al dolor. Llegó hasta su destino enseñando su identificación siempre que le paraban. Consiguió finalmente divisar hasta una de las pistas auxiliares, donde pudo repostaba un pequeño avión privado. Lo sentía enormemente por el ricachón que fuera a perderse un viaje a las Gran Caimán, pero él necesitaba ahora mismo su transporte. No obstante, la sorpresa de Rock fue mayúscula cuando el piloto se mostró más que conforme con cambiar el rumbo. Sentándose pesadamente sobre uno de los sillones de la nave, abrió una nevera que se encontraba muy apropiadamente colocada junto a él y revisó su contenido. Demasiado alcohol pijo para su gusto. Un botellín de agua mineral le bastaba y sobraba. Tardarían aproximadamente siete horas en llegar a su destino. Eso le dejaba tiempo más que suficiente para regocijarse en su odio, para saborear la angustia que lo envolvía y transformarla en coraje. Podía verlo claramente: envuelto en sus siempre elegantes ropajes, Kain acunaba a su sobrino esbozando una mueca sesgada, mezcla de desprecio y ansiedad. El por qué de que estuviera tan obsesionado con el pequeño Billy era algo que atenazaba la mente de Rock desde el principio de toda aquella Odisea, y creía que por fin lo entendía. “¿Será verdad?” pensó mientras daba un sorbo a la semivacía botella. “Después de todo lo que ha ocurrido...su motivo no puede ser tan simple. Aunque...esa obcecación con lo que él llama legado podría significar más de lo que parece a simple vista. Dios, no puedo pensar si quiera”. A punto estuvo de volcar lo que quedaba de agua en el recipiente cuando una enguantada y huesuda mano se posó suave pero intensamente sobre su hombro. Rock dio un respingo, cargó su puño de energía purpúrea por puro instinto y golpeó en la dirección de la sombra que interrumpía sus cavilaciones. Sin embargo, la sorpresa, el encontrarse recostado en un sillón y de espaldas al recién llegado y no haber podido dormir en más de 48 horas hizo que su ataque resultara insultantemente fácil de desviar para el siniestro y trajeado personaje que lo estudiaba tras unas gafas de cristales carmesíes. - ¡Tú! – los ojos de Rock se abrieron de par en par al constatar la identidad del hombre que compartía avión con él. Aquél era el último sitio en el que esperaba encontrárselo y menos después de todo lo ocurrido. - Espero en que no se sienta increpado si le confieso mi inquietud ante su pésimo estado, Señor Howard. – La voz de Oswald Karnoffel sonó más sibilina y sinuosa entonces que la última vez que se encontraron en lo alto del rascacielos de Geese hacía semanas. - ¿Me permite tomar asiento frente a usted? - ¿Qué haces aquí? – demandó saber Rock asestándole una furibunda mirada a su interlocutor. - ¿Es así como me recibe tras tanto tiempo sin disfrutar de nuestras refrescantes charlas? – Oswald cruzó las piernas y se recolocó las gafas en un solo instante fingiendo que el comentario del policía le había herido de verdad. – Le rogaría que no perdiera los buenos modales que tanto parece esforzarse en ocultar, pues si prescindimos de ellos ¿Qué nos separa de los indeseables que usted se jacta de perseguir? - ¡¿Qué...haces...aquí?! – preguntó de nuevo Rock con la mandíbula tan apretada que los dientes le chirriaron. Oswald rió por lo bajo mientras se recolocaba los guantes. - Yo soy quien debería interrogarle a usted, Señor Howard. A fin de cuentas es mi avión del que se ha apropiado. Ilegalmente, si me lo permite. – el anciano luchador parecía disfrutar exasperando al capitán siempre que le era posible. La reacción de Rock no tardó en dejarse ver. - ¿¿¿Tu avión??? – gritó este último poniéndose en pie de un salto y retrocediendo un par de pasos. Tenía la boca entreabierta y la mirada perdida como si de pronto comprendiera en la situación en la que se encontraba. - Le rogaría que no realizara movimientos bruscos, mi querido huésped. A fin de cuentas... – Oswald se interrumpió cuando una camarera en la que Rock no había reparado hasta ahora le servía una copa de vino tinto y la degustó con suma farándula. Una vez saboreado el licor proveniente de las bodegas Vega Sicilia, realizó un gesto con la mano invitando al frustrado joven a sentarse de nuevo. Hecho esto, continuó. – Como decía, esta nave ha de llegar entera a Alemania. - ¿Cómo sabes que...? – Rock no pudo terminar la frase. - Tome asiento, Señor Howard, y permita que le ilumine. Después de todo nos queda un largo vuelo por delante en el que, o mucho me equivoco, o ambos disfrutaremos de otra de las tan añoradas conversaciones.
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COMENTARIOS
Invitado
2008-05-28 12:35:56 || Quote
No. 1 :
Lo mejor de este fic es Tizoc. Pero Oswald mola casi tanto como Tizoc xD
2008-05-29 00:23:18 || Quote
No. 2 :
Estos inesperados descubrimientos que marcan espectaculares giros argumentales van a acabar conmigo!! xD Pobre Rock, no gana para disgustos, al menos siempre se acaba encontrando con Oswaldcito. En qué acabará todo!??!
Naule Wolf
2008-05-29 18:21:10 || Quote
No. 4 :
Se pone muy interesante el fic y más ahora con el encuentro entre Oswald y Rock, que estoy con unas ganas tremendas de leer esa conversación entre ellos.
Jojojo, la que se va a liar...cuando Rock encuentre a Kain no va a quedar de él ni el recuerdo.
A. Bogard
2008-06-04 21:17:57 || Quote
No. 5 :
Hay que ver qué poderes tiene ese Oswald para aparecérsele a Rock, eh...
A. Bogard
2008-06-04 21:18:58 || Quote
No. 6 :
Se me había pasado comentar acá, así que:
DOBLE, para que amarre |






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