| La Humanidad de La Culpa |
| Publicado el 09-04-2008 a las 23:45:04 // Musica & Literatura // Cajun Style |
![]() Finalmente, damas y caballeros, el momento que todos estábais esperando. Como diría mi buen amigo Benjamin J. Grimm, "¡¡Es la hora de las tortas!!! Rock, Jae-Hoon y Tizoc se dirigen a darse de palos con los malosos, pero Kain y los suyos les están esperando y la jornada se antoja llena de emocionantes combates. Pero no nos precipitemos, queridos lectores. Antes de eso tenemos una jugosa ficha de personaje introducienco a un individuo no menos interesante.
Décimo capítulo: La Humanidad de la Culpa. Que lo disfrutéis.
El ascensor privado llevaba al menos una década sin usarse, y por algún extraño motivo, el del personal estaba fuera de servicio también, lo que hizo Rock y sus compañeros tuvieran que subir hasta el último piso por las escaleras. Todas las puertas que daban a los rellanos estaban tapiadas, bloqueadas. El nuevo “Garou Densetsu” bullía de impaciencia, pues hacía ya por lo menos una hora que habían abandonado la casa de Jae-Hoon para ir en busca de Kain, sin embargo no encontraron nada ni nadie, ni en el vestíbulo, ni en los múltiples tramos de escalones que les conducirían hasta el lugar de la cita. Rock caminaba en primer lugar, sudando, llevando la chaqueta en la mano y sin mencionar palabra alguna desde que comenzara la ascensión. Jae-Hoon iba el segundo, con la vista fija en el suelo. Vestía su clásico “Dobo” blanquiazul con muñequeras a juego y su cinturón negro con innumerables galardones. Tizoc, por su parte, permanecía fresco como una lechuga, pues no dejaba de repetir la similitud de esta escena con una película de Stallone que le servía como entrenamiento cuando era joven. El sonido de sus pisadas y respiraciones sólo era sobrepasado por los comentarios del mejicano sobre el pésimo estado de la edificación. Jae-Hoon le aclaró que el Alcalde de South Town decidió dejar el rascacielos intacto como recordatorio de la derrota del rey del hampa a manos de Terry Bogard, y que se podía visitar siempre que se quisiera, exceptuando las plantas superiores y la azotea que permanecían reservadas al personal de policía, debido a que aun no se habían descubierto todos los recovecos y compartimentos que aquel emplazamiento escondía. Continuaron subiendo en silencio, palpando cada puerta por la que pasaran. Obviamente les estaban marcando el camino. No fue hasta que llegaron a uno de los últimos rellanos que lograron abrir la puerta que daba a una estancia tan amplia que no alcanzaban a divisar siquiera sus límites. Las ventanas permanecían tapiadas, con lo que no entraba ni un rayo de luz. Cruzaron el umbral, pues los escalones quedaban bloqueados por una pared de cascotes y ruinas. Nada más poner un pie dentro de la sala, cuatro enormes teas colocadas en sendas columnas comenzaron a arder. A pesar del calor que irradiaban las llamas, el ambiente era gélido. Una enorme calavera con una cornamenta similar a la de un carnero se erguía en lo que pensaban que sería el final de la habitación circundada de pequeñas piedras con “kanjis” escritos en ellas. El suelo estaba hecho de grandes bloques de roca, limados, y con canaletes en los bordes similares a los que hay en los tejados. Un hombre apareció a la derecha de la despellejada cabeza por una puerta corredera en la que los compañeros no habían reparado hasta entonces. El recién llegado iba descalzo, sin importarle lo más mínimo el duro suelo. Sus pies debían ser igual de resistentes que las losas. Vestía unos pantalones de entrenamiento rojos, anudados tanto a la cintura como en los tobillos por cintas negras. Desnudo de cintura para arriba, parecía mostrar orgulloso las mil cicatrices que su enorme torso exhibía. Los brazos, tan enormes como el resto de su cuerpo, terminaban en unas manos encallecidas, sin duda fruto de derrotar a centenares de rivales. De su cuello pendía, hacia atrás, una capa gris que le llegaba hasta los talones. Lo único que podía verse de su cabeza era el pelo cano, pues una roja máscara, lisa y sin ningún tipo de distintivo, salvo dos retorcidos cuernos con las puntas orientadas hacia la parte posterior, escondía su cara. Aquel hombre carecía de presentación. Los tres amigos lo conocían más que de sobra, ya que aunque hiciera casi dos décadas desde la última vez que se enfrentaran, la imagen de ese terrible coloso siempre permaneció en lo más profundo de su memoria. - Kain os espera – anunció el recién llegado provocando un escalofrío tanto en Rock como en Jae-Hoon. Tizoc, por su parte, lo contemplaba con muda admiración. No era que careciera de miedo, estaba aterrado, pero el contemplar a un oponente con una envergadura que rivalizaba con la suya le hacía estremecer de entusiasmo. - Entonces, vamos – dijo Rock comenzando a caminar hacia la puerta en el otro extremo de la habitación. Grant levantó la mano. - Debéis derrotarme primero – sentenció sin inmutarse – Y también al que venga después de mí, pues sólo yo tengo la llave de la puerta que habéis de cruzar y órdenes para entregarla únicamente a quien me derrote. Lo que ocurra a partir de ahí ya no me incumbe. Adelantando la pierna derecha, cruzó los brazos a la altura del pecho con las manos entreabiertas y flexionó las extremidades inferiores. - Conocéis las reglas de los torneos: combates individuales y por turnos hasta que uno de los dos combatientes se rinda o muera. Y aquí no existe la rendición – el fuego de las teas comenzó a aumentar en tamaño e intensidad, como una muda provocación que reaccionaba ante el espíritu combativo del diablo enmascarado. - Me parece bien – confesó el Grifo adelantándose con respecto a los demás mientras realizaba estiramientos rutinarios. - Tizoc, espera – Rock trató de agarrar a su enorme amigo por la muñeca, pero este se desembarazó de la presa sin problema alguno - Si hay alguien que tenga que luchar cara a cara contra Kain, ése eres tú – comenzó a decir de espaldas al policía – y debes hacerlo en el mejor estado físico posible. ¿Tienes idea de cuánto te desgastaría un enfrentamiento con este monstruo? Si hasta a Terry sudó tinta para conseguir tumbarlo... – desgarrándose la camisa en un gesto característico se colocó a escasos metros de Grant en posición de combate. - Buena suerte – le deseó Jae-Hoon apoyándose en la pared. Rock, por su parte, tenía el ceño fruncido. No quería bajar la guardia mientras uno de sus mejores amigos se enfrascaba en una titánica lucha contra un adversario semejante. Los dos gigantescos personajes comenzaron a andar en círculos, cada uno analizando los gestos del otro. Sólo se escuchaba el crepitar de las llamas por encima del suave susurro de las pisadas. No podían arriesgarse. En un mano a mano, Grifo era más fuerte físicamente que Grant, pero en cuanto a poder...este último era el maestro de Kain en las artes oscuras, y dominaba a la perfección el estilo prohibido de Kárate “Ankoku”. Como era de esperar, y a pesar de lo mucho que se le aconsejara en el pasado, Tizoc fue el primero en atacar. Tomando impulso, saltó por encima de su rival para tratar de caer sobre él con la parte exterior de la espalda. Grant tuvo tiempo sobrado para realizar el contraataque elevándose él a su vez y golpeando en el dorsal derecho con la parte inferior de la palma de la mano. Llevándose consigo a su oponente, cayó de nuevo al suelo con la rodilla y el puño clavados en el estómago y pecho del aliado de Rock, provocando que el suelo se resquebrajara. Soltando un aullido de dolor, el herido rodeó al atacante con sus brazos y apretó causando convulsiones en el cuerpo de Grant, pero este no gritaba. Empleando los codos atizó al Grifo en las clavículas y el hombre-pájaro soltó su presa. Rodando hacia atrás, estiró el brazo alcanzando a su oponente en plena máscara, quebrándola. Grant, para quien esa máscara significaba más que su honor, cargó con el hombro por delante haciendo trastabillar al hombre que, por primera vez, había conseguido enfadarlo de verdad. Aplastándolo contra una pared, no cejó de golpear el vientre de su rival con los puños, destrozando incluso el muro tras ellos. Tizoc se reclinó sobre la espalda del diabólico luchador para rodearlo por segunda vez. Con su adversario boca abajo, saltó hacia arriba, sólo para caer de nuevo con Grant debajo de él. El combate estaba resultando de una violencia desmedida. Ni Rock ni Jae-Hoon recordaban un espectáculo en el que hubieran pasado tanto miedo por la vida de uno de los dos antagonistas. Golpes terribles se sucedían uno tras otro, haciendo temblar los mismos cimientos del edificio, resonando por toda la estancia. El suelo estaba lleno de la sangre que ambos guerreros derramaban y que se desaguaba a través de los pequeños canales. Únicamente el crujir de huesos al romperse, costillas quebrarse y esputos sanguinolentos resultaba más desagradable que ver cómo dos auténticos Titanes gemían y morían. Grant cargó su mano de oscura fuerza y la proyectó en dirección a su rival. Una potentísima onda alcanzó de lleno al Grifo, quien hizo caso omiso de su piel escaldada para abalanzarse contra el oscuro luchador. Utilizando las piernas, cercó el cuello del sicario de Kain y salieron ambos impelidos, llevándose Grant la peor parte del daño al colisionar estrepitosamente contra el piso. La pétrea careta terminó de cuartearse y sus pedazos cayeron al suelo. Los tres amigos abrieron los ojos de par en par, pasmados por el rostro que ante ellos se descubría. Rock tragó saliva con esfuerzo, pues su garganta permanecía tan cerrada como sus puños. “No puede ser” pensaron todos “era imposible. Aquél hombre debía rondar, a juzgar por su cara, los setenta años.” - Grant... – balbuceó el Howard sin dar crédito a lo que veía – Pero...ahora todo encaja. - ¿Qué es lo que encaja? – quiso saber Jae-Hoon, quien no perdía de vista al destrozado combatiente. - Grant fue el maestro de Kain cuando sus padres murieron. Lo crió, y le adiestró. Sin embargo, en el torneo que organizaron, Kain debía rondar los treinta... ¿Cuántos años podría tener un maestro como Grant? Como mínimo diez o veinte más que su alumno. Eso ocurrió hace ya mucho tiempo, así que... ¿Qué edad debería tener ahora? - Sesenta y siete años – susurró el aludido llevándose una mano a la cara y pasándose las yemas de los dedos por los surcos dejados en su faz. - ¿Cómo puedes seguir en pie tras todo esto? – preguntó Jae-Hoon. La cuestión fue lanzada más en general que para ser contestada, pero aun así recibió respuesta. - Kain y yo somos maestros en las artes arcanas por algo – confesó. A pesar de su singular musculatura, y la indiscutible fuerza, Grant parecía derrotado. – Nuestro poder no se ha visto minado un ápice con el paso del tiempo. Él deseaba poder derrotarte, hijo de Howard, mientras que yo... – Grant se interrumpió. De uno de los bolsillos secretos del manto que llevaba anudado al cuello extrajo una pequeña fotografía. Desgastada, con los colores estropeados...la imagen lo representaba a él, sin máscara aún, abrazado a Kain y a una mujer. - ...nunca podré perdonarme el haber permitido la muerte de tu madre. Ése es el único motivo, el único objetivo que me mueve. Debo expiar mi culpa. Girándose de nuevo hacia el Grifo, guardó el retrato otra vez en el bolsillo interno de la capa. Tizoc estaba arrodillado, con una mano apoyada en el suelo y vomitando sangre. Incluso para él, las intenciones quedaron claras. No deseaba matarles, sino que le mataran a él. Por eso había seguido a Kain a través de medio mundo buscando a Terry. El americano lo derrotó, pero su compasión evitó que a Grant le llegara el descanso que tanto anhelaba. En esta ocasión, deseaba lo mismo. Levantándose, quizás por última vez, el destrozado Tizoc miró intensamente a su oponente, a través de la máscara de ave. - Sólo me queda fuerza para un golpe – reveló el héroe - No se necesita más – destrozado como estaba, Grant aceptó la confesión del hombre al que había llegado a respetar – Pero mi orgullo me impide no plantar cara. - Gane o pierda, no habrá ningún rencor. - Ataca. Cada zancada retumbaba como un trueno en la destrozada estancia. Los dos colosos corrieron el uno contra el otro, armando el brazo para lo que sabían que sería el golpe definitivo. Los puños de ambos se cruzaron en el aire, despellejándose al rozarse debido a la fuerza imprimida por parte de los luchadores. Los huesos de las manos acabaron destrozados, igual que sus cuerpos postrados en la fría piedra. Rock y Jae-Hoon corrieron a socorrer a su inmóvil compañero, pero ya era demasiado tarde. Llorando, le quitaron la careta, sólo para descubrir una cara cubierta de sangre, la nariz rota, y los pómulos y cejas destrozadas. El Grifo había muerto. Grant sufrió un espasmo a poca distancia del cuerpo de su adversario y se levantó entre convulsiones de dolor. Su cara y huesos se encontraban en peor estado que el de Tizoc, pero sin duda su poder oscuro le había valido como agarre a este mundo. Tambaleándose, con la mano en las costillas, se acercó al yaciente susurrando unas palabras en un idioma que ninguno de los presentes entendía. Faltó poco para que Rock no se lanzara sobre él y lo moliera a puñetazos cuando posó las manos sobre el cuerpo sin vida de Tizoc. Los ojos de Grant comenzaron a brillar y de su cuerpo manaba energía en dosis prácticamente imperceptibles. Era la primera vez que realizaba aquella técnica y debía ejecutarla a la perfección. Sin previo aviso, el pecho del Grifo comenzó a moverse de nuevo de manera rítmica al compás de su recuperada respiración. Tras abrazar entre gritos de júbilo a su amigo se giraron todos para agradecérselo al causante de dejarlo en semejante estado...pero este los miraba con los ojos en blanco, pues ya sólo quedaba una cáscara vacía. Muerta.
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COMENTARIOS
A. Bogard
2008-04-10 04:37:46 || Quote
No. 1 :
... :'(No hay adjetivos que puedan describir lo que acabo de leer, sólo atinaré a decir una cosa: ¡Sublime!
2008-04-10 11:47:20 || Quote
No. 2 :
Como ya te dije en su momento, no esperaba menos. Por un momento me engañaste y casi dejo de leer pensando "no será capaz...no será capaz..." :'(
Invitado
2008-04-10 12:43:03 || Quote
No. 3 :
Es que matas a Tizoc y has matado el fic.
La pelea de Tizoc y Grant quedaría maravillosa en manga... ...claro que entonces la adaptarían los de Naruto al anime y la convertirían en doscientos episodios en los que la historia no avanzaría más que uno o dos golpes xD Enhorabuena por otro capítulo cojonudo. Lo bueno es que el próximo es, si cabe, aún mejor!!! |







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