| Mentiras Verdaderas: La Fragua |
| Publicado el 26-03-2008 a las 23:10:08 // Musica & Literatura // Cajun Style |
![]() Y seguimos inagotables e inacabables. ¡Me quitan los capítulos de las manos! ¡Me los quitan de las manos, oiga! En el número anterior pudimos ver a Rock cabreado, a Billy salvando el día, y a Yuri desnuda...grrroarrrr. En fin, hoy os traigo un sabroso capi, sin mucha acción pero cargado de detalles y menciones que serán de gran importancia en las tramas venideras. Por supuesto, otra ficha de personaje.
Y ahora, el momento que todos estaban esperando. Mentiras Verdaderas: La Fragua.
Cuando Ryo Sakazaki llegó a la Comisaría de Policía estuvo tentado de dar media vuelta y volver sobre sus pasos. Miles de agentes corrían de un lado a otro portando papeles, fotografías, cajas enteras de archivos, y demandando a viva voz otros muchos utensilios que al recién llegado ni siquiera le resultaban remotamente conocidos. El ruido de las exclamaciones e interjecciones ahogaba incluso el de los timbres de los teléfonos, que sonaban sin interrupción en la mayoría de los casos, provocando una atmósfera frenética y apocalíptica. Todos los despachos por los que pasara se encontraban atestados tanto de murales como de uniformes. Todos salvo uno. La estancia donde el Capitán Howard trabajaba era la única de entre todas las demás habitaciones donde los agentes no se atrevían a entrar a menos que tuvieran un buen motivo para hacerlo, y menos en momentos como aquel, cuando su superior se obsesionaba con un caso en concreto. Su carisma y determinación arrastraba incluso a quienes no pertenecían a su departamento a hacer lo que él les ordenaba sin chistar. Llamó a la puerta y la entreabrió. - ¿Se puede? – preguntó Ryo introduciendo tan sólo la cabeza por la ranura. “Hay un momento para cada cosa” se dijo a sí mismo “y este no es el de la mala educación ni el de echarle morro“. - Teniendo en cuenta que te he pedido que vinieras, pues sí, se puede. – contestó Rock sin levantar la vista de su escritorio. Efectivamente, estaba de mal humor. Entrando y cerrando la puerta tras de sí, el actual dueño del título de Mr. Karate tomó asiento frente a la mesa de su anfitrión. - ¿Qué es lo que quieres, Rock? – preguntó este, pues le pareció buena idea abordar el problema cuanto antes. - Tengo que pedirte un favor – dijo alzando la vista del montón de folios que se extendían por la mesa cubriéndola prácticamente en su totalidad. - Tú dirás – Ryo cruzó las piernas poniendo el tobillo encima de su rodilla. - Como ves estoy envuelto en el caso de Kain, intentando encontrar la menor pista de ese hijo de perra – el gesto de Rock se torció más si cabía. Después de que entraran en su casa buscándolo a él, intentaran matar a su mujer y casi lograran secuestrar al hijo que tenían en común, se le podía permitir un poco de hosquedad. – No puedo moverme de aquí, ni pienso hacerlo, hasta que encuentre una pista sólida sobre su escondite, base de operaciones, contactos y demás. Sin embargo, no quiero estar separado de Yuri y de Billy. - Puedes contar conmigo – se adelantó Ryo anticipándose a los deseos del policía. Hacía tiempo que no se metía en una buena bronca y el cuerpo le pedía a gritos una. - Muchas gracias, pero no era eso lo que tenía en mente pedirte... – de golpe, al puerta se abrió y un agente, pobre inconsciente, entró con un informe en mano. Tras espetarle varios improperios y arrebatarle las hojas con gesto huraño, le agarró del cuello y le acompañó hacia la puerta. No le gustaba que le molestaran, y menos sin llamar antes. - ... como decía, no iba a proponerte que protegieras a Yuri y a Billy. Es algo que, de conseguirse, no haría necesario protegerles. El viejo luchador encarnó las cejas, ignorante pero expectante. Fuera lo que fuera lo que Rock le pidiera, lo haría. No pudo evitar que Terry y Kim murieran. No permitiría que algo les pasara a sus hijos y a sus familias, aunque para evitarlo tuviera que dar su vida él mismo. Su padre, Takuma, le había enseñado que la lealtad y la nobleza debían ser trasladadas a todos los ámbitos de su vida: desde el matrimonio hasta el combate. Y así sería, hasta el día que fuera demasiado viejo como para hacer otra cosa. - Lo que sea – dijo adoptando un temple serio y orgulloso. Rock lo miró complacido. Si existía alguien aparte de los hermanos Bogard que se hubiera comportado con él como un padre, ése era Ryo. - Necesito que vayas a Alemania – Abriendo los ojos de par en par y con la mandíbula desencajada, el cuñado del Capitán lo miró sin dar crédito a lo que oía. - Perdona... ¿qué? - el atónito personaje continuaba con una pose de muda incredulidad – ¿Alemania? ¿Qué se me ha perdido a mí en Alemania? - La mansión de Heinlein – contestó Rock con el semblante mucho más relajado. Como era de esperar, contemplar los aspavientos de Mr. Karate le hacía olvidar por un segundo todo cuanto acababa de ocurrirle a él y a su familia. - Pero si Rugal ya está muerto... – advirtió Ryo negando con la cabeza. - Heinlein, Ryo, no Bernstein – dijo el anfitrión recostándose un poco sobre el sillón de alto respaldo – La casa es de Kain, no de Rugal. - Perdona hijo, perdona. Pero es que todos los malos son alemanes y ya me confundo. - Como decía – trató de proseguir Rock – Me gustaría que fueras a la mansión Heinlein y averiguaras todo cuanto puedas sobre esa estirpe: genealogía, cualidades, sus mayores logros, y cómo han logrado pasar desapercibidos a toda la historia. – Con un ademán de la mano, el joven golpeó el montón de papeles que tenía encima de la mesa, desparramándolos por todo el despacho. Ryo contemplaba la escena con aire apesadumbrado. Se había jurado a sí mismo que ayudaría en cuanto pudiera e ir a Alemania, en el peor de los casos, le supondría ver mundo. Si encontraba algo de relevancia, debería volver inmediatamente para prestar apoyo en la batalla que, sin lugar a dudas, tendría lugar en breve. Rock estaba dándole la espalda, con un brazo apoyado en la ventana y la barbilla reclinada sobre el pecho. Tras contemplarlo en silencio, dio media vuelta y salió de la habitación, pues la respuesta ya estaba dada: no existía nada ni nadie en este mundo que le impidiera evitar un mal trago al hijo de Terry. A punto estaba ya de salir de la comisaría cuando la puerta de doble hoja se abrió, y frente a él apareció Billy Kane, desanudándose el pañuelo que siempre llevaba a la cabeza y dejando ver un pelo manchado por las canas. - Hey, Ryo – saludó con un gesto de la cabeza el recién llegado. Sus ojos estaban enrojecidos, y daba la impresión de que apenas pudiera mantenerse en pie por más tiempo. - ¿Te ocurre algo, chico? – el mayor de los Sakazaki tendió la mano a su viejo amigo, sin poder evitar fijarse en que sus párpados parecían pesarle y que al estrechar su palma esta estuviera prácticamente ardiendo. - Llevo unos días durmiendo fatal, la verdad. Y este asqueroso dolor de cabeza tampoco me deja pensar – fue la respuesta del Sargento que se frotaba los ojos con el dorso del antebrazo. - Te vas a Alemania, ¿no? - Rock me lo ha pedido, y no se lo voy a negar. – dijo Ryo encogiéndose de hombros – Lo que me preocupa es quién protegerá a Yuri y a Billy. Sé que Mai, King y Kula estarán con ellas, pero King no entrena mucho últimamente y Mai pasa más tiempo cuidando a Jeff que en el Dojo...aquí todo el mundo con hijos varones que cuidan las mujeres y yo soy el único que tiene dos niñas, gemelas, y de las que me encargo yo – Billy esbozó una sonrisa al ver el rostro de su compañero tan encendido como la máscara tradicional de Tengu. Si tuviera la nariz más larga...no le haría falta dicha careta. - No te preocupes por ellas. Yo me quedaré en casa de Jae-Hoon mientras los héroes hacen el trabajo divertido – tras palmear el hombro de su interlocutor, el que en otro tiempo fuera mano derecha de Geese Howard se adentró en el bullicio, frotándose el cuero cabelludo.
***
El viento mecía el largo cabello otrora dorado y ahora canoso del arrogante personaje que contemplaba la ciudad desde lo alto del rascacielos. Asomado al borde del vacío, se deleitaba presuponiendo el final de una batalla que llevaba esperando durante décadas. La sonrisa desdeñosa le había pasado factura en forma de arrugas en las comisuras de los labios, pero eso a él no le importaba. Se recolocó el cuello de su traje, blanco inmaculado, con un brillo de ansia en sus ojos carmesíes, saboreando el inminente bocado. - La bestia ha despertado – intervino una voz cavernosa y profunda a su espalda. Las pisadas del coloso enmascarado que se acercaba retumbaban por toda la destrozada azotea. - Eso parece – contestó el elegante individuo enfundando la mano izquierda en el bolsillo del pantalón y apartándose el pelo de la cara. - ¿Tus órdenes? – preguntó solícito el otro. Tras apartar su capa con un manotazo y dejar al descubierto un formidable torso marcado de heridas, se arrodilló esperando serle útil a su señor. - Envía el mensaje con nuestra localización y, cuando llegue a su destino, que Lien y los demás se preparen – la voz del elegante invasor parecía adornada de un timbre jactancioso, ribeteada de anhelo. Había esperado durante demasiado tiempo, y finalmente llegó la hora de actuar. - ¿Y el traidor? – añadió mientras se incorporaba la semidesnuda figura. - Déjalo que repose esta noche. Mañana nos espera un día agitado – dijo despidiendo a su ayudante haciendo un gesto con la cabeza. El servidor se alejó del lugar, dispuesto a cumplir los deseos del hombre al que criara como su propio hijo y adiestrara en las artes oscuras hasta un nivel que ni él mismo habría soñado conseguir. Sentía lástima por los débiles que carecían de auténtico poder, pero compadecía a los infelices que se enfrentaban a un hombre con un poder semejante. Con estos pensamientos, se adentró en las sombras que ocultaban las ruinas de la torre Howard. Una luz morada comenzó a emanar del hombre que permanecía a la intemperie, expuesto al frío de la noche, observando apagarse las luces de la ciudad, las casas. Fijó su atención en una de ellas. Podía imaginar a sus habitantes: el joven marido, desconocedor de lo que le aguardaba, entraba en la seguridad de su hogar abrazando a su amante esposa, acunando a su valioso vástago. El brillo púrpura aumentó en intensidad, provocando que incluso su mano comenzara a irradiar pequeños brotes de energía. Sonriendo, la cerró de golpe. - Duerme, Rock Howard. Haz el amor con tu mujer, abraza a tu hijo y reconcíliate con tus seres queridos, porque la destrucción del legado comienza...esta noche.
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COMENTARIOS
2008-03-27 11:05:45 || Quote
No. 1 :
Otro capítulo genialmente desarrollado, plasmando a los personajes de manera realista, Ryo campechano (hubo un momento que por algo que no sabría identificar me recordó a Caramon O.o) y kien sera ese enigma vestido de armani?
p.d.: que mal me cae la warra de Lien!! (como se atreve a tocar a mi niño mono (rock)) u_u
A. Bogard
2008-04-01 21:28:37 || Quote
No. 3 :
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Rock: Necesito que vayas a Alemania Ryo: Perdona... ¿qué? ¿Alemania? ¿Qué se me ha perdido a mí en Alemania? Rock: La mansión de Heinlein Ryo: Pero si Rugal ya está muerto... Rock: Heinlein, Ryo, no Bernstein. La casa es de Kain, no de Rugal. Ryo: Perdona hijo, perdona. Pero es que todos los malos son alemanes y ya me confundo. --- Oro puro |







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