| Mentiras verdaderas: Lazos familiares |
| Publicado el 09-02-2008 a las 19:55:01 // Musica & Literatura // Cajun Style |
![]() En este cuarto capítulo termina el flashback y volvemos a la conversación que Oswald y Rock están manteniendo en lo alto de la Torre Howard. Este último está deseando conocer el motivo que le ha llevado a reunirse con su siniestro interlocutor de manera tan precipitada pero...un nuevo individuo hace su aparición y se desvelan detalles ocultos del pasado de nuestro protagonista. Ni yo mismo me atrevo a respirar siquiera. Y como ya es costumbre, una de ficha de personaje.
Y ahora, paso a publicar la nueva entrega de K.O.F: Mentiras verdaderas titulada "Lazos Familiares".
South Town. Torre Howard. En la Actualidad. - Es increíble – sentenció Rock de palabra y gesto completamente pasmado. - Y sin embargo no lo es, Capitán Howard – Oswald tenía las piernas cruzadas, una rodilla sobre la otra, y las manos entrelazadas a la altura del muslo. Llevaba más de una hora hablando sin parar, y a pesar de lo resistente de su fisionomía, no pudo sino rebujarse en su chaqueta. Hacía frío en esa destruida azotea. - Realmente. – Coincidió el joven - Resulta inverosímil que en todo este tiempo, lo único que haya sido capaz de decirme sea un maldito nombre. – La ira y la impaciencia comenzaban a hacer mella en Rock que se levantó de la silla totalmente airado. Tras tanto tiempo de conversaciones y medias verdades con el taimado personaje que tenía en frente, seguía sin tener nada. Únicamente un nombre…muy familiar…muy conocido…pero sólo un nombre. Con un brillo de diversión en sus ojos, ocultos por las gafas, Oswald soltó una inaudible risita. “No con todos se puede jugar”, pensó. Algunos, como el hijo de Geese, tenían un temperamento demasiado inflamable. Suspirando quedamente y recolocándose las lentes por pura inercia, Oswald prosiguió. - Veo que necesita algo más, y la temperatura ha decrecido en exceso como para demorarme en llegar al momento cumbre. – Con un leve gesto de la mano, invitó de nuevo a su interlocutor a ocupar su asiento. - Espero seriamente que esta vez sí que valga la pena – amenazó sentándose con un suspiro e introduciendo las manos en los bolsillos de la cazadora. La sibilante voz de Oswald comenzó a relatar una serie de hechos, aparentemente inconexos, que se enlazaban sobre la persona de Rock. Kain R.Heinlein. Este era el hombre que ahora, al igual que hacía años, amenazaba la vida del Capitán de Policía. Heredero de una de las familias más influyentes de Alemania Occidental, Kain vivió una infancia sin ningún tipo de restricciones o privaciones junto a su hermana mayor, Marie. En uno de sus viajes a Norte América, Marie conoció al Señor del Crimen, Geese Howard y este quedó fascinado por la belleza de la joven. La relación que comenzó a germinar entonces entre ellos, le valió a Marie ser expulsada y desheredara de la familia Heinlein como castigo por su amor por Geese. A partir de ese momento, Kain aprendió las artes oscuras junto a su amigo y maestro, Abel Cameron. Con los años, a Kain le llegó la noticia de que su hermana había dado a luz un niño, un hijo de Howard, llamado Rock, y que murió de hipotermia tras ser abandonada nada más nacer la criatura. Arrepentido por no haber buscado a su hermana y dejarla morir, Kain juró matarñia a Geese. Había utilizado a Marie para luego abandonarla a su suerte al ya no serle útil. Cuando finalmente consiguió el poder oscuro que necesitaba para derrotar al salvaje mafioso, se enteró de que alguien le había privado de ese placer: Terry Bogard. El americano había derrotado a Geese, provocando su caída del rascacielos en el que ahora se encontraban departiendo Oswald y Rock, y se hizo cargo de la educación de su hijo. Desesperado, Kain decidió que si bien no podría vencer a Geese cuerpo a cuerpo, se tomaría revancha empañando su legado del crimen, reduciéndolo a la nada. Arruinaría todo cuanto hubo creado, incluyendo al vástago del diablo. Tras el desastre que provocó que South Town acabara casi destruida, en el torneo del año 2001, Kain vio el momento perfecto para actuar. Empleando toda su fortuna, y con Abel como mano derecha, fundó un cártel criminal que realmente rivalizaba con el creado por Geese décadas antes. Miles de personas, aterradas por perder su nivel de vida de un minuto a otro, fueron reclutadas como sicarios del nuevo imperio Heinlein, cuya sede estaba en la mansión que su señor se mandó construir en las colinas de la ciudad. Geese era un criminal, pero Kain, adecuándose a los nuevos tiempos, estaba considerado como un empresario que daba trabajo y comida a todo aquel que se lo pidiera, y campaba a sus anchas con total legalidad. Nadie podía tocarle. Una vez cerrada su garra sobre millares de vidas, procedió a la eliminación sistemática de todo aquel que pudiera plantarle cara. Doce invitaciones fueron enviadas y un nuevo torneo tuvo lugar. Rock, Terry, Griffon, Jae-Hoon y Dong-Hwan, B. Jenet…todos ellos acudieron a la competición cuyo objetivo no era sino que se mataran ellos mismos y Kain recogiera los pedazos. Afortunadamente para él, los dos luchadores que llegaron a la final fueron el Lobo Solitario y su protegido. Terry se enfrentó a Grant, el sobrenombre con el que Abel se inscribió, y aunque logró derrotarlo, eligió que Rock combatiera por él en el combate final contra el propio Kain. Rock, nada más ver a su oponente, se lanzó contra él. Evitando sus golpes con insultante facilidad, Kain le reveló que era el hermano de su difunta madre. El joven Howard, que por aquél entonces sólo contaba con 17 años, cayó fulminado ante los letales ataques del heredero de Heinlein, y este le ofreció, cuando la victoria estaba a su alcance, unirse a él. Dominarían South Town por entero, disfrutaría de inmensas riquezas, conocería la verdad sobre su pasado, sobre su madre. Rock, cansado de escuchar las parrafadas de su rival, logró desatar el poder oculto que su padre le había transmitido gracias a los pergaminos de la inmortalidad, ejecutando su propia versión del “Deadly Rave”. La mansión tembló hasta los cimientos, y Heinlein consiguió huir, humillado, jurando una vez más que destruiría el legado de Howard. Ahora, más de diez años después, Kain había decidido cumplir ese juramento. Se levantó viento. La brisa hizo que los restos de grava, cristales, el polvo acumulado formaran un pequeño remolino de suciedad, que chocara con los pantalones vaqueros oscuros de Rock, quien se incorporó y caminó lentamente hacia el borde de la destartalada estancia. Su mente era un caos. Los fantasmas del pasado volvían para pedirle cuentas, y el único al que siempre había podido acudir ya no estaba. - Con su permiso, Sr. Howard... y me temo que sin él también. – rompió el silencio Oswald aproximándose, sibilino, hasta su desconcertado compañero. – La noche es ya demasiado fría y cerrada, y ansío volver al calor y seguridad de mi brasero. Al fin y al cabo... - dijo recogiendo su sombrero del respaldo de la silla. - ... soy tan sólo un pobre anciano. Rock no contestó. - En fin. Dado que considero que todas estas nuevas son algo indigeribles, le dejaré para que su mente se adecúe a ellas. En caso de duda o de que desee una nueva conversación, ponga esto en su puerta. Con un imperceptible gesto de la mano, fruto de años y años de práctica, un naipe apareció en los dedos del trajeado. Otro revés de muñeca, y la carta se clavó en el suelo de piedra. Rock aun podía oír las pisadas alejándose del lugar, y no permaneció tranquilo hasta que desaparecieron completamente. Cabizbajo, estaba en el mismo punto desde el que su padre se despeñara, negándose a coger la mano que Terry le ofreciera al ver que se precipitaba al vacío. El joven nunca comprendió el motivo por el que su maestro había intentado salvar al asesino de su padre, al que llevaba tanto tiempo deseando vengar. Ahora lo entendía. Era el mismo motivo por el que se negó a dar el golpe final a Kain cuando logró derrotarlo aquella vez. Era la misma razón que le hacía no utilizar sus técnicas de artes marciales contra los indeseables que infringían la ley. Eso era lo que le diferenciaba de ellos. Los buenos no matan. Sin embargo, toda su vida se veía amenazada. No podía permitir que esta tragedia, producto de sus errores, salpicara a quienes más quería. Tenía que hacerlo por ellos. Por Yuri, por Andy, Jae-Hoon, Kula, Griffon...tenía que hacerlo por Terry. Al precio que fuera, Kain Heinlein debía ser detenido.
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COMENTARIOS
2008-02-10 02:18:32 || Quote
No. 1 :
Me encanta este capi, está muy bien narrado y se hace muy fácil visualizarlo ^^
¡KoF fic faaaan! ^o^ Un saludo! ~Dahlia~
Lika
2008-02-10 13:46:18 || Quote
No. 2 :
Me encanta el personaje de Mai !!! Y este cápitulo está muy bien... Felicidades y sigue asi !!!
2008-02-10 13:58:10 || Quote
No. 3 :
A mi no se por qué Oswald me parece un ancianito muy simpático xD
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